Hablando de

Caza
Menor

Trucos, mañas, consejos y anécdotas sobre el deporte de la caza

Medidas de seguridad

Son fundamentales.
Todos los años, durante las temporadas de caza, oímos o leemos que en tal o cual lugar ha muerto un cazador, o han herido a otro. Siempre que muere un cazador, muere porque otro lo ha matado. Así de simple y así de claro: MATADO. Sin querer (¡por supuesto!) por accidente, por error, pero matado. Y lo más grande es que, seguramente, se podría haber evitado con un poco de prudencia.

Los cazadores olvidamos que con las escopetas y cartuchos que llevamos podemos matar un conejo, una liebre o un pájaro, pero que, igualmente, podemos matar a una persona.
Hay muchas medidas de seguridad que, de practicarlas, reducirían muy mucho la lista de accidentes entre cazadores. Vamos a comentar algunas de las más importantes:

Todas las escopetas tienen un seguro. No me refiero al seguro por DAÑOS A TERCEROS que debemos sacar cada temporada, no. Me refiero al seguro de la propia escopeta. Ese mecanismo que, cuando lo accionamos, hace que la escopeta no se pueda disparar. Pues ese seguro está ahí "para algo", aunque algunos piensen que sólo sirve para estorbar. El secreto está en saber utilizarlo.

El mejor seguro que podemos utilizar cuando paramos a descansar un rato, o a tomarnos un bocadillo, es el de tener la escopeta abierta o, como se dice en nuestro mundillo de la caza, "partida" y vacía de cartuchos. Si se trata de una repetidora, abriremos el carro y veremos que está vacío.

Mientras vamos cazando es cuando debemos "jugar" con el seguro de la escopeta cada vez que vayamos a hacer alguna maniobra que suponga el más mínimo peligro o riesgo de que se dispare el arma: Saltar, bajar una pendiente resbaladiza, echar a correr por algún motivo, cruzar unos cañaverales, etc. En todas estas ocasiones "echaremos el seguro" como precaución.

Un resbalón lo da cualquiera por muy seguro y firme que uno se vea, y, para caerse, solo hace falta una cosa: "Estar de pié"...
Si caes con el seguro de la escopeta echado, la cosa puede quedar ahí. Si caes con tu escopeta dispuesta para disparar, tu propia escopeta puede herirte o herir a alguien, e incluso matarte.

Cuando atravesemos unas junqueras debemos echar el seguro porque, aunque nos parezca inverosímil, cualquier caña puede engancharse al gatillo y disparar la escopeta cuando no esté controlada. Soy testigo de ello. No te puedes explicar como ha ocurrido, pero HA OCURRIDO. Y lo grave es que, una vez que ha ocurrido el accidente, YA NO TIENE SOLUCIÓN...

Tan importante como ponerle el seguro a la escopeta es acordarse de volverlo a quitar después, para evitarse un "chasco" al intentar disparar sobre una pieza y encontrarse con que el gatillo no cede.

Al andar, también debemos procurar que nuestra escopeta no esté nunca "EN LINEA" con alguna persona, es decir, que esté "apuntando a alguien". Andando, lo más conveniente es hacerlo con la escopeta inclinada de forma que los cañones "miren al cielo". Si se dispara por accidente, al cielo irán los plomos...

Una medida importante de seguridad es la de nunca disparar sobre "UNA SOSPECHA". Un gran número de accidentes se producen por disparar sobre "ALGO QUE SE MUEVE"... Después, puede resultar fatal saber "qué era" lo que "se estaba moviendo".
Hay cantidad de insensatos (porque no pueden tener otro calificativo) que se esconden para esperar los pájaros que vuelan de otros cazadores, o que vienen "apeonando" (andando). Otros que se suben a los árboles a esperar que pase un conejo, y, por fin, otros que se ponen a hacer sus necesidades mas "íntimas" en el lugar más inoportuno... Hasta para hacer esto último es necesario tener precaución en el campo, mientras esté levantada la veda...

Tengo un amigo, Cobos. Está vivo de milagro. Acostumbraba a esconderse en los bordillos de las lomas y cerros a esperar que "los pájaros huidos de otros cazadores" pasaran por encima suya. Le iba bien con esta técnica, ya que los demás "andaban por él", y él, tan sólo debía esperar a que "vinieran los bichos"...
Alguien vio moverse una mata en el campo y, claro, imaginó, creyó, pensó, intuyó que era un conejo. Nunca podía haber imaginado que se trataba de "un COBOS" camuflado y a la espera... Lo dicho: Cobos está vivo de milagro...
Sigue cazando, pero, por supuesto, no ha vuelto a esconderse nunca más...

Cuando guardéis vuestra escopeta, guardadla de verdad: Abierta y metida en su funda. No la dejéis NUNCA preparada para disparar y, sobre todo, JAMÁS con cartuchos dentro.

Hace unos años fui al taller de mi amigo Agustín. Su hijo, Pepe, había dejado su nueva escopeta, casi recién comprada, apoyada en una esquina del patio. Llegué, y al ver que era nueva, la cogí para ver que tal se "encaraba". Apunté al cielo, e, instintivamente, toqué el gatillo...El disparo tronó y retumbó en todo el patio: ¡La escopeta estaba cargada y sin el seguro puesto! ¡Podéis imaginar el susto que nos llevamos!...

Este es el momento oportuno para recodar algo que NUNCA se debe hacer: APUNTAR A ALGUIEN CON UN ARMA. Si ese día, en vez de apuntar al cielo, llego a gastar la ESTÚPIDA BROMA (y lo subrrayo) de apuntar a alguien, lo hubiese matado.

Si seguridad es saber como utilizar el seguro de nuestra escopeta, seguridad también es SER PRUDENTES.

En la PESCA SUBMARINA, deporte que he practicado durante cerca de veinticinco años, existe un principio: NUNCA SALIR SÓLO. Yo estaría por proponerlo también para la caza. Es bueno, es muy conveniente no ir sólo al campo. Verdaderamente, es cierto que, muchas veces, se corre más peligro yendo acompañado que sólo, sobre todo si llevamos un mal compañero, pero si llegáis a compenetraros bien con un buen compañero, habréis conseguido el cincuenta por ciento de los "ingredientes" para pasar un buen día de caza.

Solo he tenido problemas en dos ocasiones de las que he salido sólo y, si llego a estar acompañado, la cosa hubiese sido muy distinta.

La peor fue en una tarde de conejos...
Volví de mi trabajo con tiempo de poder "echar un rato en el campo" e intentar traerme un par de conejillos. Cogí a mis perras, la MANCHA y la LARA, y en mi "seiscientos" nos fuimos a las HERRERÍAS. Las Herrerías son unos cerros, muy cercanos a Campillos (donde vivía) que están separados por un riachuelo poblado de cañas en ambas orillas.
Le había cogido "el truco" a esas cañas y siempre le mataba dos o tres conejos en un rato. Me dirigí al puesto de siempre y, al ir a cruzar el riachuelo, comprobé que no estaban los tablones que hacían de puente y que facilitaban la cuestión. Yo soy bastante alto (1'81), bastante ágil todavía (aunque ya paso los sesenta) y pensé "Igual que han saltado las perras, salto yo"...
Dicho y hecho. Saqué los cartuchos de la escopeta, comprobé donde podía apoyarme para dar el salto y lo hice... El pié derecho soportaba todo mi peso y la intención era llegar con el izquierdo a la otra orilla... Inicié el salto, pero no salió como yo lo había calculado... Empecé a hundirme en el cieno del río, poco a poco, pero cada vez más y más y más... El cieno me cubrió la canana. La escopeta la había tirado a la orilla y ahora luchaba por salir de allí agarrándome a las cañas. No podía dar un paso... ¡Que sensación tan extraña se siente cuando ves que te hundes sin remedio en el cieno!... Con enorme esfuerzo, agarrándome y tirando de cañas pude salir de ahí. Las manos sangrando por los cortes que me había hecho con aquellas cañas, empapado en cieno hasta el vientre y, perdonadme la expresión, "acojonao" por el susto que había pasado. La verdad, no sé que hubiese podido ocurrir si llego a ser más bajo de estatura, o si llega a ocurrirme esto justo en el centro del arroyo, donde la profundidad es mayor. ¡Que distinto hubiese sido todo si llega a estar mi compañero Juan conmigo!...

Un buen compañero te da seguridad, compañía, y comparte contigo todos esos momentos tan bonitos que tiene una jornada de caza, o aquellos otros tan difíciles que también se viven en este deporte.
¿Y como se elige un buen compañero?

En la caza, un buen compañero es aquél que, además de ser buen amigo, nunca pretende ser "el mejor". Aquél que nunca intenta quedar por encima tuya. Aquél que no le da más valor que el que tiene a matar una pieza de más que tú. Aquél que no discute sobre quién ha matado tal o cual pieza. Aquél con quien te sientes acompañado. Aquél que siempre te va a ayudar. Y por último, aquél con quien nunca habrá el más mínimo problema en el reparto de lo cobrado en una jornada. Mi amigo Juan "EL DITERO" es así, y yo lo soy para él. Ambos disfrutamos con los aciertos del otro, y ambos nos reímos con los fallos del otro. LA CAZA ES UN DEPORTE, Y NO MÁS.

Recuerdo que en una ocasión tuve que salir (por compromiso) con otro compañero distinto a Juan. Si os cuento un detalle comprenderéis por qué no volví a salir con él, ni permití que nos acompañara nunca más de caza. Veréis:

Íbamos buscando pájaros, cuando oímos el clásico golpe de voz de algún cazador avisando que ha levantado una banda...
"¡¡¡PÁJAROOOOO!!!" (Siempre que alguien levanta pájaros lo avisa a los demás. Es una costumbre, al menos aquí, en Andalucía).
Miramos hacia donde venía la voz y, efectivamente, una banda de pájaros se descolgaba cerro abajo hacia nosotros.
Mi compañero fue el primero en disparar porque iba "más alto que yo" (más arriba, por encima mía). Sus cinco disparos de repetidora no sirvieron de nada, puesto que a ninguna acertó. Llegó a mi altura una perdiz y disparé. Cayó "hecha un taco" (ver capítulo de expresiones).
Mi acompañante, ni corto ni perezoso, sino que muy espabilado, corrió hacia ella, la cogió y se la colgó diciendo "¡Vaya, por fin me he estrenado hoy!" Anoté aquello y... hasta hoy. No he vuelto a salir con él... La perdiz no valía nada, el detalle sí...

Parecida anécdota fue la de Juan.
Tuvo que salir con un señor que no paraba de insistirle un día, otro, y el de en medio también, para ir de conejos. Aprovechó una ocasión en la que yo no podía ir con el y así quitarse del compromiso...

Una vez de caza, se arrancó un conejo con dirección a mi amigo Juan. El acompañante se encaró la escopeta y, sin pensárselo dos veces, disparó. Los plomos no mataron al conejo, pero dieron en la pierna derecha de Juan. El compañero "accidental" (nunca mejor dicho...) al ver que lo había herido y que sangraba por la pierna, no paraba de pedir disculpas... Juan sólo le decía..."No se preocupe hombre, que la culpa es mía"...
"¿Cómo va a ser suya la culpa, si le he disparado yo?"
"¡Si hombre si! ¡La culpa es mía por venir con usted!..."

A partir de aquello, cuando no salía conmigo, iba solo...

Por último, me quedaría otra "norma de seguridad", pero ésta, quizás, la da sólo el tiempo, la edad y la experiencia: Concienciarse de que, cuando se va con una escopeta en las manos, no se puede dejar de estar pendiente de cuanto pasa y ocurre a tu alrededor. Hay que mirar por si tienes otros acompañantes en la zona en la estas cazando y, si los hay, procurar VERLOS y HACERTE VER POR ELLOS y NUNCA, nunca permitir que un pájaro, o una liebre, te impidan ver por donde van o están esas personas.
Si no tienes seguridad del disparo que vas a hacer, POR FAVOR, no dispares, una perdiz no merece un accidente... ¡Ya saldrá otra!

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