Hablando de

Caza
Menor

Trucos, mañas, consejos y anécdotas sobre el deporte de la caza

Furtivos

No es un buen calificativo este de "furtivos" para unos hombres que son VERDADEROS ARTISTAS Y ESPECIALISTAS en la caza, y en el ARTE DE LA CAZA.

Siempre he pensado que el furtivo es un "artista", de igual forma que lo es cualquiera que es capaz de hacer cosas que no somos capaces de hacer los demás. A cualquiera que conoce bien su profesión y la desarrolla de forma superior al resto se le denomina ARTISTA, o MAESTRO, porque SABE a la perfección lo que se trae entre manos, sin embargo al cazador que es capaz de cazar como pocos saben hacerlo, a ese, se le llama FURTIVO. Sencillamente, no es justo. No es justo que se equipare en calificativo al que es capaz de matar una perdiz que está empollando sus huevos, con el que es capaz de fabricar un "BARDO" y acercarse a diez metros a una banda de perdices. A uno que es capaz de echar fuera de su madriguera a los conejos con hurón, con otro que es capaz de atraer a un conejo, hasta ponerlo a tiro, imitando el chillido de una coneja en celo. O al que mata liebres de noche con ayuda de un vehículo, con el que es capaz de matar una liebre con una estaca.

Si buscamos en un diccionario, veremos que "furtivo" significa "a escondidas", y pregunto: ¿A escondidas de quien? Será de los guardas y de la LEY DE CAZA, que ha decidido lo que es CAZA FURTIVA, y lo que no lo es. ¿Es que hay alguna diferencia entre atraer a un conejo con el chillido de una hembra en celo, con atraer a una perdiz con el canto de un macho en celo? Mas "sucio" es lo segundo que lo primero y, sin embargo, está permitido. ¿O no? Pero así está "montado el juego" y no hay nada que hacer.

Siempre he admirado a esos mal llamados "furtivos", para mí, como he dicho, "maestros de la caza y máximos conocedores del campo".
Me he encontrado con algunos en mi vida de cazador, he aprendido muchísimo de ellos, y me ha encantado verlos actuar.

El primero fue ANTONIO, el portero de mi casa en TÁNGER (Marrruecos), donde viví hasta los diecinueve años. Era un hombre que "vivía de la caza", y que "vivía la caza".
Me encantaba oírle contar sus aventuras. Era un experto cazador, conocedor de mil trucos para volver siempre del campo trayendo una buena percha, o decenas de kilos de jabalí. Lástima que en aquella época yo tenía tan sólo catorce años y mis padres, temerosos, no me dejaban ir con él por aquellas tierras africanas. Aprendí de él todo lo que me permitió ser un buen cazador de escopeta de "aire comprimido", trampas, estacas, red y lazos. Aprendí a cazar alcaudones con grillos "cebolleros", avefrías con estacas, conejos con un hueso de albaricoque, y hasta incluso gaviotas con lazo.

Una mañana vi que se preparaba para salir al campo. Llevaba su escopeta y nada más. Al "DANDY", su pointer, lo había dejado atado en su lugar de siempre.
Conseguí de mis padres que me dejaran acompañarle, ya que se trataba de una salida corta: Tan sólo iba a matar un par de conejos y volvía enseguida.

Echamos a andar por el campo. Yo, a su lado, sin saber siquiera a dónde íbamos. Al cabo de un rato paró, cargó su escopeta y enfilamos hacia un gran arroyo. Nos acercamos muy en silencio, nos sentamos. Sacó de su bolsillo un hueso de albaricoque. Yo, la verdad, alucinaba. Se lo metió en la boca, y cuando estuvo bien ensalivado, lo cogió con sus dedos índice, pulgar y medio, y se lo acercó a los labios. Sonaron tres chillidos agudos, largos y vibrantes. Silencio. Otros tres, y, al momento, un conejo que sale del arroyo y que se eleva sobre sus patas traseras con las orejas tiesas. Sonó un disparo. "¡Cógelo, y vamos! Obedecí y lo seguí arroyo abajo muy lentamente, sin hablar, y procurando hacer el menor ruido posible. A unos cien metros nos volvimos a sentar y... misma operación. Otro disparo. Mucho antes de lo que yo me imaginaba, estábamos de vuelta en casa con los dos conejos que salió a buscar. Pregunto: ¿Esto es ser un furtivo? ¡Esto es ser un artista!

Un día me enseño a cazar avefrías. La víspera, preparamos cuarenta o cincuenta estacas de tamaño un poco más largo que un bolígrafo. Uno de sus extremos afilado, el otro romo. Alrededor de este último les hicimos unas pequeñas hendiduras y atamos un hilo de pesca fino, de unos veinte centímetros de largo que terminaba en un anzuelo pequeño.

Fuimos a un barrizal a buscar lombrices de tierra que metimos en una lata de leche vacía de "LES QUATRE VACHES" (Recuerdo la marca de la lata...) con un poco de tierra, para que aguantaran hasta el día siguiente. Por la mañana, salimos temprano. Fuimos clavando estacas en un terreno donde se veían avefrías.
Cada estaca quedaba bien clavada en el suelo, con su lombriz enganchada en el anzuelo. Dimos un rodeo con el fin de levantar las avefrías y "volarlas" hacia donde estaban las estacas clavadas. Nos sentamos a esperar. ANTONIO se fumó un par de cigarrillos "SPORT". Me contó alguna de sus últimas cacerías y, pasada una hora y pico, fuimos a recorrer las estacas... ¡Madre mía! ¡Rara era la estaca que no tenía un avefría enganchada!
Recuerdo que tuvimos un pequeño percance porque, en una de las estacas, inconcebiblemente, se enganchó un "espulgabueyes", que es un ave enormemente respetada por los moros. Digo inconcebiblemente porque, precisamente, la longitud de los hilos de pesca con su anzuelo y lombriz, eran lo suficientemente cortos como para que no pudiera "picar" un ave de pico tan largo. En fin, la cuestión es que picó y se "tragó el anzuelo".
Un par de moros se nos vino encima increpándonos por haber cazado tan valioso y respetado animal. Pudimos salir de la delicada situación gracias a que ANTONIO, que hablaba árabe a la perfección, les "explicó" que era para hacer una "medicina", con las vísceras del animal, con la que poder curarle a su mujer una enfermedad que padecía en los ojos. Tal como el "espulgabueyes" se tragó el anzuelo, los moros se "tragaron el rollo" que les soltó mi amigo y pudimos marchar sin más complicaciones.
Es lógico pensar que en esa época, en Marruecos, perdido en esos campos y "cábilas" de Dios, donde no había insecticidas ni nada que se le pareciese, fueran tan valorados los "espulgabueyes" por el "desparasitado a domicilio" que hacían a las pocas vacas y toros que aquellos hombres tenían como medio de subsistencia. Sólo había que echar un vistazo a los perros que pululaban por doquier, todos ellos famélicos y "cargados" de garrapatas. ¡Lástima que esos "espulgabueyes" no se atrevieran también a "limpiar" los perros! A todo esto, por si alguien no ha caído, un "espulgabuey" es una modalidad de garceta, de color blanco, que se conoce también con el nombre de "bueyera".

Si las estacas sirven para cazar avefrías, misma utilidad tienen para cazar gaviotas, modificando un poco el "sistema".
La estaca sigue siendo tal cual, pero de ella sale una lazada no más grande que la boca de un tazón de leche.
Se clava la estaca en la orilla, perpendicular al mar, y una vez que la lazada está abierta, y sujeta entre dos palillos, se pone en la arena un pececillo. Las gaviotas, que vuelan paralelas a la orilla, ven el pez y al dar una pasada para intentar cogerlo, quedan atrapadas en la lazada. Sencillo, ¿Verdad?
Imagino que alguno estará pensando... ¿Y se comían las avefrías y las gaviotas? ANTONIO era de los que hacían suyo aquello de... "PAJARO QUE VUELA... ¡A LA CAZUELA!..."

Lo de la estaca y la liebre tiene más gracia, y pertenece al acerbo e ingenio "andalú".
Mi eterno compañero de caza desde hace más de treinta años, JUAN "EL DITERO", y del que he aprendido tanto a lo largo de esos años, ha sido un especialista en cazar liebres con estaca. ¿Y eso, como? Pues os lo cuento y, que conste, que aunque suene a cuento, no lo es ¿vale?

Esta "modalidad de caza" es una especialidad de los pastores y gentes que "andan mucho campo" y tienen buena vista. Vista para ver donde hay una liebre echada.
Es bien sabido por todos los cazadores que las liebres aguantan lo indecible cuando están "encamadas" (echadas) y que, a no ser que se sientan descubiertas, no se levantan. Yo las he tenido a un metro de mí en más de una ocasión, y he podido comprobar cómo aguantan. En el fondo es lógico, porque confían enormemente en sus patas y en su capacidad para poner tierra de por medio. Este es uno de los peores enemigos que tiene la liebre, su confianza en sus posibilidades.
Pues bien, una vez que se ha pasado cerca de una liebre y se ha visto donde está echada, el truco, simple, pero muy complicado, consiste en volver a pasar al cabo del rato por el mismo sitio con una estaca. Pero hay que pasar CORRIENDO Y CHILLANDO AL MISMO TIEMPO. La liebre, que ve acercarse a ese hombre en esas condiciones, no reconoce en él a ningún "enemigo oficial", ya que todos sus enemigos se acercarían a ella lentamente, olfateando, y buscándola para dar con ella. La imagen de una persona chillando y corriendo, no entra dentro de sus ESQUEMAS DE PELIGRO. Es "algo raro" que ella no reconoce. La escena responde a algo que "NO VÁ CON ELLA", así pues, permanece aplastada, si acaso más aún de lo que lo estaba, esperando a que "pase el raro fenómeno". Pero el fenómeno, al pasar, lo que hace es arrearle un estacazo, de padre y muy señor mío, que la convierte en un futuro "arroz sucio", es decir en paella de liebre. Así de simple, y, así de difícil...

Vamos a pasar a otra de las modalidades del "furtivismo" o, como yo lo definiría, "del virtuosismo" de la caza: EL BARDO.

El bardo es un ESCUDO que se confecciona con ramas de olivo. Un experto puede tardar no más de diez minutos en hacer uno. Por supuesto, donde no haya olivos es imposible llevar a cabo este tipo de caza. En Andalucía no nos faltan, y cada vez hay más, gracias a Dios, y a la inteligencia del pueblo que, aunque cayó en la trampa de sustituirlos por girasoles, reaccionó a tiempo de evitar una catástrofe y ahí están. Sigamos... El bardo, el escudo, debe ser del tamaño de una persona agachada. Debe tener la altura de quien vaya a utilizarlo, pero agachada. Cada cual se lo tiene que hacer "a su medida".
Se deben escoger ramas de olivo finas, que pesen poco, pero que estén bien pobladas de hojas. El borde superior del escudo tiene que descansar en la cabeza del cazador y taparle el resto del cuerpo, de forma que pueda "ver por donde va", pero que no le vean. La escopeta sale por entre las ramas, a la altura del hombro que ha de soportarla para poder disparar.
Este tipo de caza sólo se puede realizar en días de viento, imposible en días de "calma chicha".
Las perdices tienen por costumbre de ir en BANDAS (cada banda puede tener un número indefinido de pájaros, seis, diez, quince e incluso más) o en COLLERAS (parejas).
Al medio día, después de haber estado comiendo y bebiendo toda la mañana, acostumbran a "echarse" juntas bajo un olivo a "espulgarse" o, simplemente, a "sestear" (echar una siesta).
Los días de viento fuerte, se acercan más, unas a otras para darse calor y protegerse de la "paliza ventolera" que tanto les molesta.
Tan solo se oye el soplar del viento y el ruido de ramas al moverse. Poco puede extrañar a las perdices un escudo de olivo, en línea con los demás olivos, que se mueve al ritmo que marca el viento. El cazador, que lo sabe, va a aprovechar el viento para, parapetado por el bardo, ir acercándose a ellas hasta estar a tiro y poderlas cazar.
La cosa dicha así parece muy fácil, pero hacerla es enormemente difícil. Primero hay que localizar a las perdices. Segundo hacer el bardo. Tercero dirigirse hacia donde estaban las perdices, calculando las posibles variaciones que hayan podido tomar, olivo arriba, olivo abajo. Acercarse a ellas para poderlas tener a tiro. Disparar, y acertar. Total "ná"... Lo dicho: ¡Puro arte! Normalmente se puede matar un par de perdices de un solo tiro, pero a veces, sólo a veces, y muy pocas veces, algunas más.
Sería el momento de recordar que en un "ojeo" medio normal, se pueden matar cien perdices con toda tranquilidad y que, un mal cazador de "jaula" (reclamo) puede matar, cualquier tarde, el mismo número que otro con un bardo.
Mi amigo Juan es un especialista en el BARDO y en un "plis plas" te fabrica uno.

Cuando he dicho más arriba lo de "mal cazador de jaula" sé lo que he dicho. Me refiero a un "FALSO JAULERO". A aquél que va al campo con un puesto que tiene CUATRO TRONERAS (en vez de una sola) por las que poder disparar, y que le importa bien poco como le "entren" los pájaros, porque lo único que pretende es "MATAR", y cuantas más perdices mejor.
Un "BUEN JAULERO", nunca disparará sobre una banda de perdices. El malo, el falso jaulero SÍ, y además, alardeará de la hazaña y la contará a todos.
El tío de Salvador, mi gran amigo y gran compañero, era uno de estos jauleros que presumía de ser muy legal y de tener unos pájaros de reclamo "de lo mejor del pueblo". Siempre volvía del campo con dos o tres pájaros matados que procuraba enseñar a todo el mundo.
Una tarde se descubrió "su calidad" de cazador: Uno de los guardas del coto lo pilló, pegando tiros a las perdices desde su coche. Ni que decir tiene que allí terminó su fama y sus "rollos de bares"...
La caza del bardo tiene una pequeña ventaja sobre las demás, y es que es muy difícil que "te pillen" porque las propias perdices te "avisarán" si viene alguien "inesperado" y no invitado a la fiesta como guardas u otros cazadores inoportunos...

Y hablando de perdices y furtivos, no puedo olvidar aquella ocasión en que me llevé uno de los "cortes" mayores de mi vida. Fue en PUNTAS DE CALNEGRE, un pueblecito de la costa murciana.
Pasábamos unos días de playa y, como es lógico, hice amistad con un grupito de gentes del lugar, entre los que había algunos aficionados a la caza. Me contaban sus aventuras y cómo hacían cuando las aves migratorias, codornices y tórtolas, se concentraban en esas tierras para "PASAR" a África. Nunca imaginé que se pudieran cazar tórtolas y codornices "a escobazos", pero así me aseguraban que lo hacían, sobre todo cuando "entraban" a la península y, en su arribada a tierra firme, llegaban extenuadas. Pues bien, un día veo unas "costillas" (trampas), de enorme tamaño, que tenían adosadas una red parecida a las que se utilizan para cazar pajarillos. Como era la primera vez que veía algo así, me interesé por aquello. Me explicaron que eran trampas para perdices y que las utilizaban para cazarlas. A los machos que caían en ellas, los enjaulaban para utilizarlos como "reclamo", y a las hembras, para hacerlas estofadas. No está nada mal, ¿verdad? Pues esto no es todo, lo más gracioso del asunto es que, cuando pregunté por quién era el que hacía esas gigantescas costillas, resultó ser un guardia civil de la zona... Está visto que donde menos se lo espera uno salta la liebre... Lo dicho: un buen "corte"...

Esta anécdota, nos podría llevar a un pequeño comentario sobre los reclamos que vemos enjaulados en cualquier casa de jaulero. Pregunto: ¿De dónde han salido? Según la Ley de caza, está prohibido cogerlos pues, para ello, es necesario una serie de artilugios, o de artes todos ellos prohibidos: Redes, candilones, costillas, etc. Si son costillas, están prohibidas. Si se cogen de noche y con candilones, también lo está. Como veis esta es la excepción que siempre acompaña a una regla. Nadie controla esto, y todo el mundo sabe que existe un negocio redondo alrededor de los machos de perdiz para las jaulas. ¡Y tan negocio! ya que se llegan a pagar precios pero que muy altos por un macho.
Ahora es el momento en que un vendedor de perdices diría aquello de: "Oiga usted. ¡Que son perdices legales, porque son de granja!"... ¡"AMOS ANDA"!...

Pienso que ha llegado el momento de hablar de "LA CAZA PROHIBIDA" y de su influencia en nuestra juventud.

Muchas veces he pensado cómo hubiese sido mi vida de chiquillo, de joven y de mayor, si no hubiese tenido la posibilidad de practicar este deporte, pero, sobre todo cuando era un chiquillo...
En mi juventud, todas las mañanas de cualquier fin de semana, y las vacaciones, las llenaba de caza, algo de pesca, y excursiones en bicicleta. Por la tarde, lo lógico, unos "guateques" y nuestros "ligues"... De no haber tenido esta afición, y la posibilidad de realizarla, mis mañanas domingueras y vacacionales hubiesen sido muy distintas o, mejor dicho, parecidas a las de otros compañeros míos: Paseíllos por el centro de la ciudad, cervecitas en el bar de turno y cigarrito tras cigarrito, hablando de fútbol y de mujeres... ¡Todo un panorama! Pues esto es parte de lo que le ofrecemos a nuestros jóvenes hoy día..
. Nuestros críos tienen prohibido salir con trampas a coger pajarillos, cosa que siempre se ha hecho. Tienen prohibido salir con una escopetilla de perdigones, como siempre se ha hecho. Tienen prohibido ir a pescar al río o a la laguna, como siempre se ha acostumbrado a hacer, porque todo está PROHIBIDO. Incluso tienen prohibido coger algún nido de jilguero, verderón o gorrión, como siempre hemos hecho los chiquillos, (bien cara le ha costado a más de un padre la travesura...) tienen prohibido, incluso, los tirachinas... Pero eso sí, no les prohíben entrar en los bares, no les prohíben fumar porros, no les prohíben tomar pastillas, y no les prohíben, con doce años, y a veces menos, estar hasta las tantas de la madrugada "de movida", metiéndose en el cuerpo todo lo que esté a su alcance. Gracias a Dios, y a los ecologistas, nos hemos "civilizado", y ya no permitimos a nuestros hijos que hagan "tan enormes barbaridades",sí, esas que SIEMPRE hemos hecho todos los chiquillos.

Esas "barbaridades" eran las que nos hacían estar en el campo, conocerlo, pero conocerlo "in situ", no a través de videos o reportajes, y llegar a valorarlo, respetarlo y amarlo. Menos mal que, sobre todo en los pueblos, sus gentes y, fundamentalmente los "municipales", saben que es mínimo el daño que estos críos pueden hacer con unas costillas o un tirachinas, y "hacen la vista gorda" cuando se topan con alguno "en plena faena". ¡Bendita filosofía la de los pueblos!...

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