Hablando de

Caza
Menor

Trucos, mañas, consejos y anécdotas sobre el deporte de la caza

Caza de la liebre

Ilustración de la liebre

He aquí un pobre animal que, de seguir así, va a terminar desapareciendo, excepto de los cotos privados, y donde "velen por ella". ¿ A que me refiero? Pues a que, entre las gradas de los tractores, los furtivos desde los coches, los "desconejos", lo poco que paren (máximo dos por cría) y lo "tonto" que es este bicho, necesita de mucha ayuda y vigilancia para que pueda haber una población medio aceptable. Y me explico:

La liebre, al contrario que su primo el conejo, lo hace todo AL DESCUBIERTO: parir, comer, dormir, amar... y no sabe que, con los tiempos que corren, así no se puede ir a ningún lado...
Parir, pare poco, un par de gazapos, y no los pare en madriguera sino en tierra de labor (en medio de un erial o de un bravaneo) por lo que su supervivencia está mucho más en juego que si pariera en madriguera.
Es un animal fuerte, pero sus crías son sensibles a cualquiera porque están siempre expuestas y desprotegidas. Me he encontrado muchas veces con un par de crías en medio de un "terrenal" sin más protección que su propio cuerpecito. ¡Son preciosas! Mucho más que los gazapos de conejo. Uno de los animalillos mas lindos que he visto nunca.

La liebre tiene una VENTAJA-DESVENTAJA: Ventaja porque es capaz de quedarse en "celo" varias veces y en cualquier época del año pero, precisamente ese "celo", es también uno de sus grandes peligros, inconvenientes o su desventaja.

Una hembra en celo es capaz de atraer a varios machos que intentarán aparearse con ella. Pelearán durante toda la noche y, al amanecer, se harán cada uno de ellos una "cama" (un hoyo en la tierra) donde descansar y esperar que llegue nuevamente la tarde, que será el momento en que "vuelvan a la carga" y a vivir su vida y sus amores porque son fundamentalmente nocturnas.
Imaginaos una liebre hembra, echada en su cama, y tres machos "encamados" cada uno de ellos a no más de diez o quince metros de la hembra. ¿Qué puede ocurrir cuando pasen por ahí un par de cazadores con perros? Pues, que con un poco de mala suerte, caen los cuatro, hembra y machos... De hecho cuando un cazador, que sabe lo que se hace, mata una liebre hembra busca "a la compañía" de este ejemplar, con verdaderas posibilidades de encontrarlas, a relativa poca distancia de donde estaba esa hembra. En estas condiciones yo he llegado a matar hasta cinco liebres, en una misma loma, a primeras horas de la mañana.

Otro defecto para la supervivencia de la liebre es que confía enormemente en sus PATAS. Gracias a ellas pone tierra de por medio y huye de sus enemigos fácilmente. Sólo hay que ver una carrera de galgos a "campo abierto" para comprobar lo listas que son... ¡Y eso que se enfrentan a una pareja de galgos! A uno solo, le resultaría enormemente difícil coger una liebre en terreno llano, y mucho menos si se trata de un terreno quebrado con algunos "juideros" (lugares donde se pueda escabullir y huir).
La liebre, como decía, tiene unas patas prodigiosas y una facilidad en hacer quiebros y cortes que deja desarmado a cualquier galgo, mucho más a cualquier otro perro. Confía en sus patas, por eso se "encama" en campo abierto. Sabe que, en pocos minutos, puede dejar atrás a cualquier perro o zorro que la acose. Pero está visto que no se ha enterado de que los "plomos de los cartuchos" corren más que ella...

¡Qué difícil es fallar el tiro a una liebre! El único secreto está en saber controlar la situación, y no precipitarse disparando antes de tiempo. Creo que en mi vida de cazador habré fallado las liebres que se puedan contar con los dedos de una mano, no más, y las he fallado por precipitarme y no apuntarlas. Verdaderamente impresiona un poco su "salida", su arrancada, pero, una vez superada esa impresión, se trata de un blanco grande, que casi siempre corre en línea recta y muy fácil de acertar. Su huida es justamente lo contrario a la de un conejo. Éste, el conejo, rara vez saldrá a campo abierto cuando huye. Siempre aprovechará los recodos de las matas, los desniveles del terreno, y cuanto pueda dificultarle el tiro al cazador. La liebre no ha aprendido estas lecciones y así le va...
Nunca debemos disparar sobre una liebre que se arranca porque, nada más arrancar, acostumbra a dar algunos "quiebros" (en zig-zag) precisamente para despistar a su enemigo. Acertarle en esos momentos es difícil, no solo por el quiebro en sí, sino porque además, está muy cerca y el disparo va muy "entacado" (que cubre poco espacio). Hay que tener el temple necesario para no precipitarse y disparar cuando se "enderece" es decir, al terminar con los quiebros. Una vez acabado estos, se endereza y empieza a correr en una sola dirección: ¡Ese es el momento!

Y hablando de liebres... una curiosidad: ¿Sabéis como se distingue una liebre macho de otra hembra en el momento de arrancarse y salir huyendo del cazador? Se dice, y yo también lo he podido comprobar, que las liebres hembras se arrancan con las orejas PEGADAS al lomo y que, sin embargo, los machos lo hacen con las orejas levantadas. Intentad comprobadlo vosotros también, veréis que es cierto...

Es un animal poco amigo del monte, a no ser de los bordes de los cerrillos del monte bajo, pero sí lo es, y mucho, de la tierra de labor, de las lomas pobladas de esparteras, abulagas, y de los eriales y olivares. También le gusta las cercanías de los viejos cortijos abandonados y derruidos.
Los cañaverales no son su especialidad, ya que les impide tener CAMPO VISUAL para ver lo que "se le viene encima". En estos, acostumbra a ponerse por los bordes, pero rara vez dentro de las cañas.

Hay un refrán que reza: "Carriléas más que una liebre extraviá". Y es cierto, porque la liebre es un animal que anda mucho, por la noche, buscando su comida. Al amanecer, cansada de andar, buscará un lugar donde hacer la "cama" en la que va a permanecer hasta bien entrada la tarde, a no ser que algún motivo especial le haga levantarse.
Hacen y prueban varias camas antes de decidirse por la definitiva. La prueba consiste en comprobar que es un buen lugar del que se puede "arrancar", fácil y rápidamente, si es necesario. Durante el día, si se ve una liebre caminando, no os quepa la menor duda de que alguien o algo le ha hecho levantarse. No tardará en volverse a echar.

A veces se arranca "larga", "fuera de tiro". En estos casos lo que hay que hacer es quedarse quieto, agachado, en silencio y SEGUIRLA CON LA VISTA hasta ver en que arroyo entra, o tras de qué loma se pierde, porque allí será donde vuelva a echarse.
Una media hora después de haber visto el camino que tomaba, podemos ir a buscarla con grandes posibilidades de volver a encontrarla.
Son fuertes, y aguantan el tiro mejor que ninguna otra especie. Herida es capaz de recorrer grandes distancias. De todas formas, si alguna vez os ocurre que una liebre herida se os va, seguidla con la vista e id a buscar por donde haya pasado. La encontrareis muerta porque es muy raro que una liebre se esconda cuando está herida de muerte. Un conejo herido tardará nada y menos en meterse en un boquete. Una liebre no. Ya dijimos que todo lo hace "AL DESCUBIERTO", incluso morir...

Recuerdo la primera liebre que maté. Fue en un olivar...
El día anterior se nos había arrancado del pié de un olivo sin que la pudiéramos tirar. Como las liebres se aferran a sus "QUERENCIAS", (los lugares que les gusta) y mi amigo Juan "EL DITERO" me dijo que al día siguiente estaría otra vez en el mismo sitio, volví a buscarla. ¡Que poco se equivocó Juan! Al llegar al lugar se me arrancó. Todo hubiese sido normal a no ser porque...
(Ahora, cuando cuente lo que sucedió , sin duda, alguno pensará "¡Historias de cazadores!...")
Pues bien, como decía, todo hubiese sido normal a no ser porque, al mismo tiempo de arrancarse la liebre, se arrancó también un pájaro perdiz que estaba "ENRRAMADO" (subido a un olivo). El susto que me pegaron entre los dos fue de los buenos. Al mismo tiempo: Uno por tierra y otro por aire. Disparé al pájaro, y sin comprobar si caía o no, disparé a la liebre. Vi como ésta daba una voltereta y salía corriendo herida en una pata. Corrí tras ella mientras cargaba la escopeta con un sólo cartucho. Me detuve, disparé, y ahora sí, cayó rodando y pegando botes. Con el corazón en la boca fui a cogerla. Era un macho. Enorme y tuerto. Tenía un ojo vacío. Posiblemente algún plomo de otro cazador, o un accidente de las frecuentes peleas que tienen entre sí los machos que cortejan a una hembra "brotá" (en celo). Volví a buscar el pájaro, pero no vi ni tan siquiera plumas, señal inequívoca de que no le había acertado. Ese día, hace ya no sé cuántos años, volví a casa más ancho que largo...

Dicen que las historias, las anécdotas que contamos los cazadores son mentiras o, como mínimo, medias verdades y que somos unos exagerados. Pues no. La verdad es que no, al menos por lo que a mi concierne. Igual cuento aquella "percha" tan fantástica que hice aquel día, como aquél otro día en que fallé más de una docena de conejos a "perro puesto" (cuando el perro señala donde está el conejo). Lo que sí es muy poco de fiar, es el cazador que siempre cuenta grandes aventuras y nunca "grandes fracasos"... Cazando, hay de todo, y en el campo pasan cosas divertidas, como aquél día...

Habíamos terminado de cazar, y mi eterno compañero Juan y yo volvíamos hacia el coche cargados de conejos. La LARA, una perra podenca caprichosa, pequeña y rabona (sin rabo desde su nacimiento) se alejó y cruzó a la falda del cerro de enfrente al nuestro. Como subíamos e íbamos cansados, nos detuvimos a ver que hacía la "puñetera perra". Ya he dicho que era caprichosa como ella sola y desobediente (terminé regalándola). Vimos cómo se metía bajo una mata no más grande que una cama de matrimonio. Al momento pegó un "latido", (ladrido) y vimos como salía un conejo de la mata. ¡Vaya hombre, con la perra!...
Pero la perra volvió a la mata, y en ese momento le dije a Juan: "Capaz es de haber otro conejo..." Pues como lo dije: Al momento salió corriendo otro. Como la perra volvió de nuevo al "matojón", sin pensármelo dos veces, eché a correr y llegué hasta la mata de la que ya habían salido dos conejos. Me subí encima. Era espesa. Me "apatarré" encima (abierto de piernas), y guardé el equilibrio como pude. La perra me echó fuera siete conejos más de la misma mata!... Le maté cinco y se me fueron dos. ¡Había nueve! ¡Que bárbaro! Increíble, pero cierto.

En otra ocasión disparé sobre un conejo que intentaba "colarse" en una mata. Ya he dicho anteriormente, que a los conejos hay que dispararles en cuanto se les ve, porque no te van a dar otra oportunidad. Mis dos perras corrieron a cogerlo y cual sería mi sorpresa cuando aparecieron, cada una de ellas, con un conejo en la boca. Los dos estaban calientes y recién muertos. Por lo visto, los plomos se encontraron en el camino al que huía, y a otro que estaba encamado en la mata. ¡Sin duda alguna, el de la mata, no era precisamente el conejo de la suerte!...
Como estamos en el capítulo de la liebre no puedo dejar de contar el día en que la MANCHA, mi perra, cogió una liebre. Fue algo gracioso al máximo.
Yo llevaba mi Seat-600. Era un día de calor y tenía las ventanas abiertas. Sabéis que las ventanas de un "seíta" son bastante amplias para lo que es el coche en sí. La perra, como siempre, asomaba su cabeza por una de las ventanillas. Había llovido bastante durante varios días. De vuelta por el carril me encontré con un barrizal que me obligó a maniobrar para evitarlo. Estaba en plena maniobra, dando marcha atrás, cuando, de pronto, del olivo de al lado, se arranca una liebre. La perra que, como dije, estaba asomada a la ventanilla del coche, pegó un bote del asiento y tirándose por la ventana salió tras ella. No se por qué razón la liebre, al verse perseguida, en vez de seguir en línea recta y quitarse de en medio, cosa que podría haber hecho fácilmente, giró alrededor de un olivo intentando volver hacia atrás. Al ver que la perra le ganaba terreno, intentó esquivarla dando otro giro más alrededor del mismo olivo, y en esa operación fue donde se perdió porque la MANCHA, perra vieja, le cortó a la contra y la cogió. Eso fue para verlo. Me bajé del coche, donde me había quedado presenciando aquella asombrosa escena, y aún sin salir de mi asombro y riendo a carcajadas cogí la liebre y acaricié a aquella perra que tantos buenos ratos me hizo pasar.
Me vienen a la memoria tantos y tantos "lances" que sería para no parar, pero, al contaros este, no puedo dejar de contaros otro en el que me reí a base de bien...
Jueves por la tarde. Un día esplendido. Decido ir a "buscar una liebre". Cojo a mis perras y al poco tiempo estoy en el campo. Esta es una de las grandes ventajas que tiene vivir en un pueblo: El campo está ahí, a la salida, a cinco minutos andando. Tanto es así que, muchas veces, se han matado liebres y perdices al lado del Instituto del pueblo e incluso han "llovido" pájaros en las calles los primeros días de temporada, en que, cansados de tanto huir de un lado para otro, y desentrenados, han caído en el mismísimo pueblo.
Bien, pues una vez en el campo, empiezo a "echar mano" de toda mi "sabiduría cinegética" para buscar esa liebre que quería encontrar. Estuvimos, perras y yo, trasteando todos los sitios donde podía haber una... nada. A las tres horas y casi oscureciendo, regresé al coche. Me quité la canana, y cuando fui a desarmar la escopeta comprobé que NO HABIA METIDO CARTUCHOS EN ELLA!... Había estado toda la tarde paseando con una escopeta DESCARGADA, vacía! ¡Fue de las veces que más me he reído sólo!

Cuando se cazan liebres con perro es muy frecuente que estos, los perros, no "señalen" claramente donde está el animal. Posiblemente, al llegar a la zona donde se encuentra encamada, haga unos movimientos extraños de cuerpo, o de cabeza, como "buscando" o "intentando adivinar" de donde le llegan los efluvios a liebre. Esto se debe a que, como hemos dicho, la liebre hace varias "camas" antes de decidir en cuál de ellas se echa y, por esta razón, hay mucho terreno "marcado" con su rastro que puede muy bien despistar al mejor perro. Mi perra, la MANCHA, nunca llegó a parar "en condiciones" una liebre y eso que era una gran perra que paraba conejos, perdices y codornices como el mejor perro de muestra. Siempre hacía lo mismo, al llegar al lugar donde había una liebre echada: Venteaba por alto (olía por alto) como diciendo..."Aquí hay algo, pero no sé donde está..." Yo, que conocía perfectamente este movimiento y lo que significaba, me preparaba en cuanto la veía hacerlo... Efectivamente, metros más arriba o más abajo, al momento, se arrancaba la liebre.
Decía al principio de este capítulo que la liebre es un animal muy castigado por todos. Pues bien, una de las formas de castigo a este bicho ha sido, y sigue siendo, la caza nocturna desde los coches.
Como ya os he reconocido, en esto de "la caza" lo he conocido y probado todo... Rececho, hurones, aguardo, coche, red.. En fin, lo que se dice TODO. Cierto es también que, a medida que he ido conociendo las "distintas formas" de caza, las he ido "seleccionando" o, más bien "cribando" y apartando aquellas que no consideraba deportivas. Os puedo asegurar que la caza de liebres desde un coche, y de noche, es una autentica barbaridad que comprendo esté severamente perseguida y considerada como DELITO por la Ley. En algún momento me veréis "defender" algunas "artes prohibidas" pero de esta, en concreto, nunca podré decir nada que la defienda.

Pequeño consejo para la cocina

La liebre como mejor se presenta es en paella. Lo que se llama entre los cazadores un "ARROZ SUCIO", porque sale un poco oscuro (grisáceo). También está muy rica en salsa, o al ajillo. De todas formas lo importante es que los trozos de liebre sean muy pequeños. Se trata de una carne muy seca, por lo que es preciso que los trocitos sean pequeños para que COJAN SABOR del adobo o salsa que se haya preparado. En trozos grandes resulta siempre seca, fibrosa y sin sabor.
Son pocos los cazadores que gustan de comer liebres. Casi todos las regalan, aunque es un animal que tiene bastante carne y soluciona una comida de una familia numerosa. Os preguntareis... ¿Y eso por qué? Por la mala fama que tiene. Y me explico:
Tiene fama de comer de todo y de no hacer ascos a nada y, uno de los platos que tampoco rechaza, si se tercia, son los animales muertos. No es raro verla comer restos de un perro o de cualquier otro animal muerto. Está comprobado que son carnívoras o, mejor dicho, necrófagas. Yo, la verdad, la prefiero al conejo, y nunca he hecho caso a esas historias. Además, después de ver y de comprobar lo que puede comer un cerdo y lo rico que están sus derivados!...

Copyright ® 2013 | www.hablandodecazamenor.es | CWM Informática